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miércoles, 25 de agosto de 2010

Muerte de Procris – Death of Procris - Piero di Cosimo


Piero di Cosimo
Tendido a lo largo de la composición aparece el cadáver de una ninfa semidesnuda; la razón de su muerte es un apequeña herida en el cuello, por la que manan unas gotas de sangre. Junto a su cabeza se halla un sátiro, arrodillado y con una mano sobre el hombro de la ninfa. El personaje trata inútilmente de hallar pálpito de vida en la frente del cadáver, a cuyos pies aparece un perro de aspecto triste. El primer término está tapizado por un manto vegetal, poblado por diversas especies de plantas que Piero di Cosimo se ha complacido en describir minuciosamente, con un criterio científico. Más lejos se extiende una playa, por la que deambulan varios perros; pelícanos y garzas completan la fauna de esta composición, cuyo horizonte queda cerrado por una ciudad y lenguas de tierra marismeña envueltas por una atmósfera de tonalidad azulada.
Según la leyenda Céfalo asesinó por error a Procris, sirviéndose de una espada mágica. Con ambos personajes aparece asociado a veces en el relato un perro llamado Laelapo, el sátiro, aportación libre del pintor, aparece en el papel de estimular, por medio de la insidia, los celos que Procris siente de Céfalo.
El fenómeno de envejecimiento de los pigmentos que ha experimentado esta obra pone de manifiesto detalles técnicos de un gran valor para la comprensión de la personalidad compleja y dubitativa de su autor, quien, al parecer, murió demente. Piero di Cosimo cambió numerosos elementos compositivos en el curso de la ejecución del cuadro. Así, por ejemplo, puede percibirse a simple vista, por transparencia de la capa pictórica, que en principio el perro del primer término tenía la lengua fuera y que el de pelaje oscuro que se halla en la playa no estaba sentado, sino de pie sobre sus cuatro patas. El cadáver de la ninfa pone de manifiesto un peculiar método de empaste del color, en capas muy ligeras y por medio de una pincelada fundente que consigue los efectos de claroscuro con los que se valoran las formas anatómicas. En los contornos de los brazos, por ejemplo, son visibles las líneas de dibujo y, además, muchos de los trazos del boceto que debían guiar al pintor para la aplicación del sombreado; ello es particularmente evidente en las zonas del cuello, mentón y mejilla de la figura.

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