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viernes, 15 de marzo de 2013

Subida al Calvario / El Bosco

Museo de Bellas Artes, Gante

El Bosco
Cristo aparece en el centro de la escena con rostro de bondad. Mediante una deformación grotesca se pone de manifiesto la crueldad y la ignorancia de los verdugos. En este cuadro el pintor plasmó con acentos nuevos la creencia de que existía una relación entre las deformidades y lo demoníaco. La peculiar plasmación de la fisonomía humana por parte del Bosco inspiró durante mucho tiempo a los caricaturistas.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Coronación de espinas / El Bosco

National Gallery, Londres

El Bosco
Cinco personajes llenan por completo la superficie de esta tabla. Son menos que los de la Subida al Calvario, pero el aspecto de tapiz, de horror al vacío, es la misma. Los personajes son parecidos a los de la Coronación del monasterio de El Escorial, especialmente en los vestidos: El Bosco repite el extraño sombrero atravesado con una flecha, por cierto de punta cortada, el anciano con una media luna añade nuevos signos: el soldado que abraza a Cristo con rostro conmiserativo lleva un adorno de hojas de encina y bellotas en el sombrero, cuyo significado se nos escapa. No ocurre lo mismo con el collar de espinas, que es el collar que los pastores neerlandeses colocaban a sus perros ovejeros para protegerlos de los ataques de los lobos. Obviamente todos estos elementos que nos resultan chocantes estaban ahí para ser reconocidos por el espectador, que de esta manera conseguiría una lectura mucho más compleja y profunda de la que a nosotros nos resulta posible hoy día.

sábado, 10 de noviembre de 2012

La nave de los locos / El Bosco

Museo del Louvre

El Bosco
Existe una hipótesis según la cual la Nave de los Locos podría haber formado parte de una serie dedicada a los Pecados Capitales, cuyas tablas estarían perdidas excepto una, la Muerte del Avaro. Esta pintura, por tanto, podría representar el pecado de la gula, sin embargo ha sido cortada por arriba y por abajo, limitando las posibilidades a la hora de interpretar la escena puesto que faltan personajes. La nave está llena de monjas y frailes, alrededor de una mesa, con instrumentos musicales. Tanto la música como las cerezas del plato aluden a la lujuria, por lo que el pecado representado podría ser también éste. Todos cantan y beben; una monja hace proposiciones al borracho caído. La nave no tiene proa ni popa, lo que indica que no tiene dirección. Hombres desnudos nadan a su alrededor y piden bebida. En el centro, los personajes parecen querer morder un enorme buñuelo colgado, mientras otro trepa por el mástil para atacar a un pollo asado. El mástil es un árbol, del que flota un pendón con la media luna de los turcos. Entre el follaje vemos una lechuza, que simboliza la herejía.

martes, 18 de octubre de 2011

Calvario / El Bosco


El Bosco
No es éste un Calvario al estilo tradicional, sino una composición votiva cuyo protagonista resulta ser el donante que, arrodillado al pie de la cruz, espera con rostro angustiado su destino. San Pedro, su patrón, lo presenta ante el Crucificado, mientras la Virgen y san Juan, al lado opuesto, hablan entre sí como intercediendo a favor del hombre. ¿Es una versión original del juicio particular después de la muerte y por eso el rostro del hombre tiene aspecto cadavérico? La calavera y los huesos desparramados, así como la presencia de los cuervos, acentúan esta impresión.
La independencia del Bosco se manifiesta en el planteamiento de la escena, que prescinde de la simetría tradicional. Lo que le interesa y logra en este caso es una expresión de hondos sentimientos, en los que denominan la piedad y la esperanza. Tras las figuras queda la limpidez del aire sobre un anchuroso paisaje que se dilata hasta la silueta flamenca de la lejana ciudad.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Adoración de los reyes - The Adoration of the Magi - El Bosco


El Bosco
Despreocupado de todo convencionalismo, el autor crea un escenario arquitectónico que tiene el aspecto de una fortaleza medieval. Para suplir su estado de ruina, varios ángeles extienden sobre él un enorme lienzo, a modo de carpa de circo. Por los huecos de las ventanas aparecen diversos personajes; a la derecha, apoyados al alfeizar, dos pastores se calientan con la lumbre de unos ramajes. La Virgen y el Niño se hallan sobre una alfombra rectangular y ante ellos comparecen los reyes con sus presentes. En el primer término, un perro sentado parece por completo ajeno a la escena. La simplicidad de la composición, que se diría despoblada de personajes, contrasta con el horror vacui del Bosco en obras de época posterior.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Adoración de los Magos – Adoration of the Magi - El Bosco


El Bosco
Esta obra permite al Bosco una incursión en la iconografía religiosa. El tríptico comporta, cerrado, la Misa de san Gregorio, tema desarrollado en grisalla, y, abierto, las figuras de los donantes con san Pedro, san José y santa Inés, flanqueando la composición central. Ésta anticipa una combinación de arquitecturas, paisaje y personajes propia de la pintura neerlandesa. La factura revela una personalidad formada, capaz de elegir soluciones propias.

lunes, 17 de mayo de 2010

San Juan en Patmos - St. John on Patmos – El Bosco


El Bosco
El tema corresponde a la visión descrita en el libro del Apocalipsis- El Evangelista, sentado en una roca, alza los ojos, mientras escribe, hacia el círculo celeste en que aparece la efigie de María, mostrada por un ángel. Es de notar que el Bosco ha representado al apóstol joven, a pesar de que consta que era muy anciano cuando escribía el Apocalipsis en su retiro de la isla de Patmos; pero es que la iconografía tradicional había creado una imagen siempre joven del discípulo predilecto.
Es notable la partición del cuadro en dos términos muy diferenciados, cercanía y lejanía, tratando el segundo en grisalla a partir de la figura del ángel. El paisaje, llano y acuático, es típicamente holandés, reconociéndose en el fondo elementos tomados de las ciudades de Arnhem y Nimega. No falta algún toque de humos ácido del Bosco, como en la forma de representar el águila y sobre todo en el diablo de cuerpo monstruoso, de insecto, y pálido rostro humano, el cual tiene un garfio con el que acaso pretenda quitarle el tintero al Evangelista para que no escriba.

lunes, 19 de octubre de 2009

Extracción de la piedra de la locura - Extracting the Stone of Madness - El Bosco

Museo del Prado

El Bosco
Composición en la hallamos otro de los elementos ideológicos –la demencia, identificada con la posesión diabólica -constantes en la obra del Bosco. Concebida como un todo, sobre una tabla rectangular decorada en sus partes superior e inferior por una inscripción de complicada caligrafía, ofrece esta pintura una escena formada por cuatro personajes, a los que sirve de fondo un paisaje de términos suaves, con una ciudad en la lejanía. En el centro, sentado en actitud doliente, se halla el enfermo; le rodean el cirujano, armado con su bisturí y tocado con un embudo, el practicante y una mujer que sostiene un libro sobre su cabeza y se halla acodada en una mesa circular. La inscripción que lo ilustra dice así: “Maestro, opérame en seguida/Mi nombre es Lubbert Das”.

domingo, 18 de octubre de 2009

El carro del heno - The Hay Wagon - El Bosco

Museo del Prado

El Bosco
Esta obra responde a una concepción similar al Jardín de las Delicias; cerrada presenta el tema del camino de la vida, en el que toda suerte de peligros acechan al viandante. En la parte interior de las puertas hallamos, a la izquierda, el Paraíso terrenal, con los episodios de la creación de Eva, la tentación y el castigo de los primeros padres; a la derecha, de nuevo el infierno con sus hórridos tormentos. La composición principal muestra el decurso pecaminoso de la vida humana, simbolizado por el carro del heno o cima del placer carnal. Sobre el monumental vehículo sitúa el artista a una pareja amorosamente abrazada y, sentados en el suelo, una dama que canta acompañada por dos varones, uno de los cuales toca un laúd. El grupo se halla flanqueado por un ángel en actitud orante y con la mirada dirigida al cielo, donde se halla el Salvador, y un demonio de híbrida anatomía, tratado en grisalla. Bajo la carreta se desarrolla la lucha del pueblo, empeñado en ascender al tabernáculo de la felicidad temporal. La siguen, a caballo, figuras alegóricas del poder; el Papa, el Emperador y el Rey. El vehiculo es arrastrado por seres heterogéneos, mitad humanos, mitad animales. En el primer término de la composición aparecen figuras que representan las edades y estados del hombre; la infancia, la vejez, el matrimonio, el celibato, la enfermedad. Su sentido satírico es evidente, por ejemplo, en la imagen del monje obeso y dado a la bebida, o en el sacamuelas que examina a su paciente. Tras el carromato y la muchedumbre que lo acompaña, se extiende un suave paisaje de valles, ríos y montañas, sobre el que flota, en el horizonte, una neblina evanescente.

Mesa de los pecados capitales - The Seven Deadly Sins and the Four Last Things - El Bosco

Museo del Prado

El Bosco
La composición se organiza en cuatro círculos. El central presidido por un medallón con la imagen tradicional del Cristo varón de dolores, acompañada por la inscripción: “Cuidado, cuidado, el Señor lo ve”. La zona anular que rodea dicha representación se halla subdividida en siete sectores, cada uno de los cuales está dedicado a un pecado. La disposición radial de las escenas (ilustradas asimismo por inscripciones) obliga para su contemplación el recorrido alrededor de la tabla. Se alternan en ellas figuras masculinas y femeninas, en interiores o sobre fondos de paisaje urbano y rural. La ira, por ejemplo, reviste la apariencia de una reyerta entre aldeanos, mientras que la lujuria consiste en una íntima fiesta campestre amenizada por dos juglares.
Los cuatro círculos menores que ocupan las esquinas de la mesa contienen figuraciones de las postrimerías. Los de la parte superior corresponden a la Muerte y al Juicio. En el primero, un médico, tres religiosos, una monja, un ángel y la muerte circundan al moribundo, cuya cabeza se halla aparatosamente vendada; sus familiares se hallan en una estancia contigua. El Juicio, por su parte, se atiene a un modelo muy medieval, con la figura del Señor triunfante entre ángeles, sobre el camposanto en el que surgen los difuntos alertados por el son de los clarines.
La representación del Infierno es de tinte rojizos y sombríos; en este ambiente se desarrollan las torturas que tantas veces ha narrado el pintor. La Gloria, finalmente, adopta la forma de un edificio palaciego, presidido por la figura divina entre las categorías angélicas; a su puerta se hallan el arcángel san Miguel, cumpliendo hasta el último momento su función de defender las ánimas de los bienaventurados de las acechanzas del demonio, y san Pedro.

miércoles, 7 de octubre de 2009

El Jardín de las Delicias - The Garden of Delights - El Bosco

Museo del Prado 


El Bosco
Gran tríptico, llamado también por su nombre tradicional de la “pintura del madroño”. El exterior de sus puertas representa en grisalla la Creación del mundo, con la aparición de la primera flora sobre el planeta. Delicadas gradaciones de claroscuro componen formas fantásticas de escasa entidad corpórea, de modo que al abrir el tríptico se asiste, por contraste, a una autentica explosión cromática.
Se inicia la secuencia de la narración en la tabla de la izquierda, donde aparece la creación, con la figura divina que acaba de dotar a Adán de una compañera, Eva. Presidiendo el Paraíso, en el centro de la laguna, una extraña fuente de color rosado y forma entre escultórica y vegetal.
En la tabla central se da paso, a una orgía compositiva: el Jardín de las Delicias. En los primeros términos, mujeres y hombres –algunos de ellos de raza negra- se dedican a sofisticados juegos. Algunos grupos o parejas buscan asilo en el interior de esferas que semejan frutos y bayas, y se protegen con flores de transparentes corolas. Peces, pájaros y moluscos de descomunal tamaño se combinan con los humanos. La laguna del primer término acoge numerosos bañistas y esferas flotantes en las que las parejas desarrollan amorosos entretenimientos.
El centro del Jardín de las Delicias está constituido por un estanque circular en el que se bañan por grupos mujeres blancas y negras; posadas en sus cabezas aparecen garzas, cuervos y pavos reales. En torno al estanque se desarrolla una cabalgada que tiene aspecto procesional. La muchedumbre de ambos sexos monta camellos, gatos, jabalíes, unicornios, ciervos, grifos, cabras, caballos y otros muchos animales que escapan a todo intento de clasificación.
Finalmente, aparece en el término más alejado de la composición una laguna de orillas rectilíneas, en la cual desembocan los cuatro ríos del Paraíso. En ella se observa la presencia de embarcaciones con figuras acorazadas, extrañas sirenas, una barca con un hombre negro y una mujer blanca.
Representa el artista, después de la calma de la Creación, la realidad de un mundo dominado por los vicios y entregado, en particular, al de la lujuria. La confusión que produce una primera visión de conjunto no basta para ocultar muy claras descripciones del pecado de la carne, que ha sido tratado aquí con pasmosa libertad de expresión. Se complace, en suma, el pintor en ofrecer una visión de la amoralidad del mundo terrenal encadenado a sus sentidos.
La tabla del lado derecho cierra el ciclo narrativo. Describe El Bosco el destino de la humanidad lujuriosa, el infierno. Purgan en él su pecado los mismos personajes, sometidos a curiosas torturas en máquinas que adquieren el aspecto de instrumentos musicales, relojes de sol, miembros humanos o formas entre zoológicas y vegetales. Al fondo, explosiones ígneas recuerdan la naturaleza propia del averno. Su visión pesimista juzgan el mundo dominado por el mal, el pecado y la locura, lo que ha de conducir irremediablemente a la muerte, la condenación y los horrores del infierno.

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