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lunes, 19 de noviembre de 2012

Carruaje en las carreras / Edgar Degas

Museo de Boston

Edgar Degas
Los protagonistas de la obra son los miembros de la familia Valpinçon en su carruaje, en el momento en que el pequeño Henri, de seis meses, acaba de ser amamantado por su nodriza y está cogiendo el sueño. Paul Valpinçon contempla la deliciosa escena - acompañado de su bulldog - mientras que su esposa protege al pequeño de la fuerte luz solar con una sombrilla. El centro de atención de los padres, del espectador y de la composición es el rechoncho bebé, situado en una zona de sombra gracias a la sombrilla protectora de su madre. Incluso el carruaje está situado de manera que se aproxima perfectamente al espacio del espectador, para introducirle en la escena. La relación de las miradas de los personajes resulta destacable, marcando perfectamente las relaciones entre ellos. Cuando el pequeño duerma profundamente, el carruaje girará para contemplar la carrera que se desarrolla en el fondo, igual que están haciendo otros espectadores subidos a caballo o en otros carruajes. Así, Degas muestra una imagen de la vida moderna, aunque de una clase social determinada - la burguesía - de la que él era miembro. Algunos especialistas sitúan la composición en el hipódromo de Argentin, cercano a la casa de Paul Valpinçon. Las figuras de los caballos, con las patas delanteras muy estiradas para avanzar rápidamente, están inspiradas en obras inglesas muy admiradas por Degas. El propio William Turner realizó alguna de estas escenas. Lo que más llama la atención es el efecto lumínico conseguido por Degas, que da la impresión de haber captado el episodio directamente del natural, algo que sin embargo odiaba el artista. La luz solar ilumina las figuras con su tonalidad blanquecina y resalta la zona de sombra grisácea que provoca la sombrilla. De esta manera se incluye el artista entre los maestros del Impresionismo. La composición ha sido organizada en bandas paralelas: la hierba del hipódromo, las lomas del fondo y el cielo. Las figuras han sido distribuidas de manera equilibrada, sin dejar ningún elemento al azar. Las tonalidades claras se adueñan de la superficie, en contraste con el color negro que tan de moda pondría Manet, ya que era una tonalidad rechazada por los pintores académicos; con esos toques de color negro sugiere con maestría la profundidad del lienzo. El efecto fotográfico también está presente al cortar los planos pictóricos en una enorme sensación de realismo. Sin embargo, este tipo de realismo se aleja del de Courbet, quien mostraba campesinos y trabajadores mientras que Degas ofrece una visión mucho más delicada y amable.

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