

Antonello da Messina
Confluyen en este maestro estímulos estéticos diversos. De una parte, el conocimiento del arte flamenco y en especial de Jan van Eyck, Piero della Francesca y pintura gótica española.
Su Cristo muerto constituye un inmejorable ejemplo de su preocupación por la realidad, descrita con domino de la forma plástica, alegre empleo del color y medida de la luz. La figura de Jesús aparece en esta composición sentada al borde del sepulcro, en un primerísimo plano de acento dramático.

Un ángel niño, lloroso, lo sostiene amorosamente. Ambas figuras se recortan sobre un fondo de paisaje con una ciudad al borde de un río; a la derecha del mismo, un amontonamiento de huesos humanos sugiere la proximidad del Monte Gólgota, cuyas cruces se yerguen en el lado izquierdo.
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