en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
¡esas... no volverán!.
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
¡esas... no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido...; desengáñate,
¡así... no te querrán!
Gustavo Adolfo Becquer
ResponderEliminarQué puede hacer un poeta ante la belleza,
sino contemplarla y dar gracias al pintor
por tan exquisita sensibilidad al poseer una idiosincrasia,
sólo al alcance de muy poco.
Al igual que Bécquer y otros poetas,
que supieron pintar, con sus palabras…, un arte con mayúsculas.
A Bécquer
No sé qué atesoras… ¡Poeta!
Que entre palabras y signos
me sumerge en lo divino
y al amor tú me presentas.
Yo te leo y me satisfacen
tus palabras y argumentos,
tus narrativas y versos…,
en tus poesías y romances.
¡Al leerte tú embelesas…!
¡A las almas tú extasías!
Cuando me acuesto yo sueño
envuelto en tus fantasías,
continúan cuando despierto...,
¡Y perduran todavía!
Gracias Alfonso por tan magnifico regalo.
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