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martes, 5 de febrero de 2013

El encuentro de León Magno con Atila / Rafael Sanzio

Pinacoteca Vaticana

Rafael Sanzio
El fresco forma parte del complejo programa iconográfico que pintaron Rafael y sus alumnos entre 1508 y 1524 en las estancias Vaticanas, que eran los aposentos del Papa en el palacio Vaticano. Todo el ciclo, repartido en cuatro estancias, se propone ensalzar la función y la historia del papado. Aquí se conmemora la misión de León Magno para convencer a Atila de que no saqueara la ciudad de Roma. En la escena intervienen milagrosamente los apóstoles Pedro y Pablo, que se aparecen, armados con espadas, sobre el Papa y sus acompañantes. Los pontífices Julio II y León X, que encargaron el cuadro, se acreditan así como protectores de Roma, centro del mundo cristiano. Los dos jinetes hunos, que a duras penas dominan a sus caballos encabritados ante la visión mística, representan la imagen que la historiografía europea se hizo de los hunos desde la Antigüedad: guerreros salvajes que casi forman un solo ser con sus caballos. Atila, rey de los hunos e interlocutor del Papa, no solo aparece en una postura curiosa que delata su asombro por la aparición de los apóstoles en el cielo, sino también con un ropaje extravagante, que pretende destacar su condición de «bárbaro». Protegido con una armadura de oro, lleva una barba que ha crecido de forma desigual, una corona de puntas afiladas rematadas con perlas y piedras preciosas, y un pendiente. El artista sitúa el encuentro del Papa con el rey huno en las inmediaciones de la ciudad de Roma; en la pintura se reconoce el Coliseo y un acueducto antiguo. Sin embargo, lo cierto es que Atila y su ejército no penetraron tan profundamente en la península italiana y se detuvieron en el norte. El encuentro entre la delegación romana y Atila se produjo, por lo tanto, mucho más al norte, quizá en los alrededores de Mantua.

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